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Dalia, la flor de México

Tras el descubrimiento de América, muchos son los productos que se han intercambiado entre este continente y Europa. Entre ellos, como no podía ser menos, encontramos algunas clases de plantas, como la dalia. Aunque todas las especies vegetales engloban abundantes variedades, ésta las sobrepasa, superando los dos mil tipos, en función de la apariencia de la flor. Como consecuencia de ello, no todas tienen el mismo tamaño, variando la longitud de los tallos y las dimensiones de la flor.

La que se considera la flor nacional de México tuvo su origen en las zonas de Cuernavaca y Tepozotlán e hizo su aparición en el continente europeo a través de España. Cavanilles, director del Real Jardín Botánico de Madrid a finales del siglo XVIII, comenzó a cultivarla, y le puso su nombre actual, en honor a su amigo y discípulo de Linneo, Andreas Dahl. Este botánico sueco la introdujo en Dinamarca, convirtiendo poco a poco a la dalia en una de las indispensables en el mercado de flores de los países del norte de Europa.

Reproducción por bulbos
Es una planta que se reproduce a través de bulbos, una especie de cebolla que contiene los nutrientes necesarios para el posterior desarrollo del vegetal. La época ideal para cultivarlos es el comienzo de la primavera, cuando las heladas son menos rigurosas.

Si queremos que el crecimiento sea óptimo, es conveniente añadir fertilizante orgánico al terreno destinado al vegetal un par de semanas antes de plantarlo. El bulbo lo introduciremos en un suelo bien drenado, a una profundidad adecuada. A continuación se riega con generosidad, pero sin llegar a encharcarlo. Es adecuado colocar una varita al lado del bulbo, que ataremos al tallo cuando germine. Este palito tiene la función de evitar que la planta se quiebre cuando vaya aumentando su follaje, que, según las variedades, puede ser desde verde claro hasta adquirir un tono casi negro.

Cuidados para un crecimiento óptimo
Conviene ubicar la dalia en una zona con mucha luz, pero sin que le afecte el sol de forma directa, y apartada de corrientes de aire, nada beneficiosas para su desarrollo. Además, es importante mantener el suelo siempre húmedo. Conviene retirar las hojas cuando se comienzan a secar, ya que el resto de la planta crecerá con mayor vigor. Asimismo, es adecuado retirar las malas hierbas de su alrededor y administrar pesticidas para evitar los parásitos que la afectan, por ejemplo, insectos como las tijeretas.

Los bulbos, sean del vegetal que sean, requieren ciertos cuidados cuando éste se ha secado. Las dalias lo harán al principio del otoño, cuando comience el frío, de modo que es el momento de retirarlos del suelo. En la mayoría de los casos, comprobaremos que han salido pequeños bulbos alrededor del que plantamos en su día; los separaremos, ya que nos servirán para la próxima temporada. Es apropiado guardarlos en un lugar seco, donde se mantendrán en óptimas condiciones hasta la próxima primavera, en especial si añadimos fungicida, que reducirá el riesgo de que los hongos hagan mella en su buena salud.

Tanto como planta cultivada en el jardín, combinando diversas clases en un mismo parterre, o como flor cortada, que puede durar hasta unos diez días, se trata de una flor que aportará un gran colorido a nuestro entorno, ya que disponemos de una amplia gama tonal, desde el blanco puro hasta el naranja, pasando por el lavanda o variedades bicolores.

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